21 noviembre 2015

Megan Fox la fantasía sexual de cualquier hombre

No se trata de los hombres en mi vida, sino de la vida de mis hombres». La frase es de Mae West. Corría el año 1933 y Hollywood era Hollywood. Babilonia en llamas, para entendernos. Entonces, al calor de la crisis, la industria del cine glorificaba, en palabras de la Asociación de Mujeres Cristianas para la Templanza (tal cual), a la muchacha frívola de la era del jazz. 

Mae, en la cumbre del éxito, concitaba alrededor de su verbo punzante a más de 46 millones de espectadores. Todos locos por verla en I'm no angel. Un cronista de la época escribió: «West les hace más gracia a las mujeres que a los hombres, porque es la imagen de la mujer triunfante, despiadada y sin escrúpulos, frente a los pobres, tontos y torpes hombres». Queda dicho.

Han pasado los años y, todo sea dicho, cualquier parecido entre el genio de Mae West (autora de sus propios diálogos en pantalla) y Megan Fox es, claro está, pura coincidencia o, como poco, está por demostrar. Pero hay historias que gusta recordar y, por qué no, algo hay. La protagonista de, no una, sino de las dos entregas de Transformers (esa película que nada debe a Eric Rohmer) ha sido recientemente elegida como la mujer más envidiada... por las mujeres.

En efecto, harta de salir año tras año en la portada de cualquier revista masculina que se precie para cantar su bisexualidad ha sido, por fin, seleccionada, por sus compañeras de género. La publicación autora del hallazgo responde al nombre de Heat y sus lectoras han decidido que puestas a envidiar a alguien, que sea a Megan Fox.

¿Se siente un modelo para otras mujeres?, le preguntaba recientemente a esta joven de 23 años nacida en Tennessee un periodista del periódico The Times. «Depende lo que entienda por modelo», respondía la interpelada. «Si la idea de modelo es alguien que advierte a sus hijos de que el sexo antes del matrimonio es algo malo, de que maldecir es peor y de que la mujer debe ser esto y lo otro, entonces, no soy modelo de nada». Entendido. 

Pero, continúa, si por modelo se entiende una mujer que se siente fuerte e inteligente y pelea por lo que cree que es correcto... Entonces, sí, aspiro a ser modelo de otras mujeres.

Tras estas palabras no se esconde nadie. Todo está a la vista (para más detalle tecléese top less al lado de su nombre en Google-imágenes). Su cuerpo perfecto al lado del Camaro de 1976 en la primera entrega de Transformers añadió nuevos significados a la expresión «griparse el motor». Y desde entonces, todo ha sido ascender gracias (y se acabaron las metáforas mecánicas) a su impecable carrocería. Y ella lo sabe: «Hollywood es el sitio más superficial del que se puede tomar parte. Si no fuera atractiva, no estaría aquí». Más claro...

No en balde la que habla empezó su carrera en 1999 con un premio otorgado en Carolina del Sur por su belleza y talento (según reza en la orla que vistió). Acto seguido, empezó su carrera de actriz. Unas cuantas comparecencias en televisión al lado de las hermanas Olsen en 2001, un papel junto a Lindsay Lohan en 2004 y... ¡Bingo! llegó Transformers. La primera película de la serie dirigida por Michael Bay en 2007 recaudó 503 millones de euros en todo el mundo. La segunda, que se estrenó en España hace tres semanas lleva 5,36 millones aquí y 17 en Estados Unidos.

Llega la pregunta: ¿ser guapa es sufriente? «No creo que el hecho de que te consideren atractiva sea algo malo. Hace que juegues con ventaja. Si tu trabajo es bueno o simplemente mediocre, la gente se sorprende doblemente: 'Vaya, sabe actuar', dicen». Sea como sea, dos películas en su haber y dos verdades incontestables han salido de su trabajo: I) Fox puede presumir de ser la única actriz de la historia del cine capaz de recitar su texto sin cerrar una sola vez la boca. Es así. Y II) ya ha sido proclamada urbe et orbi la sucesora de Angelina Jolie.

Con ella comparte tanto su amor por los tatuajes como los labios asomados al balcón. Eso y, cómo olviarlo, su mil veces declarada bisexualidad. Por partes. El número de la revista Empire dedicado a la película de Michael Bay descrubría un nuevo tatoo con el logo-escudo de los autobots de Transformers. Uno más en un cuerpo cubierto de tinta: costado, antebrazo (retrato de Marilyn) y espalda. Éste último sorprende. En letra gótica se lee «We will all laugh at gilded butterflies» (Nos reiremos de las mariposas doradas). Es decir, parte de lo que Lear le dice a su hija Cordelia camino de prisión en la obra de Shakespeare. Bien, pero lo de la bisexualidad, ¿qué?

Primero fue en la revista GQ. Allí, hace un año, entre los huecos que dejaban las fotos, la actriz confesaba una pasión ya olvidada por una stripper rusa. «Aquel año mi novio rompió conmigo y yo decidí -oh cielos, ¡lo siento mamá!- que estaba enamorada de esta chica, que trabajaba en un club. Me propuse conseguir que ella me correspondiera y me salí de mi camino para crear una relación». Desde que el mundo es mundo y la industria del porno funciona, pocas fantasías sexuales han arrojado más feromonas en un hombre (de las neuronas, ni hablamos) que esta peculiar alianza de civilizaciones: Rusia y EE UU a un paso de la explosión atómica.

Este mismo año, otra revista, Esquire, y la misma ocurrencia. Megan confirmó en el número de junio de la publicación su atracción hacia los dos sexos: No tengo dudas en mi cabeza sobre que soy bisexual». Sin especificar si en otras partes de su anatomía quedaba rastro de semejante dilema. Eso sí, rechazó ser lesbiana, por aquello de no especializarse, y manifestó que nunca tendría una cita con una chica bisexual «porque eso significa que ha dormido con hombres, y los hombres son sucios. Lo que no queda claro es en qué lugar deja a su novio (el actor Brian Austin Green, sí, el de 90210) una frase así.

En cualquier caso, y por volver al principio, queda claro que Megan Fox sabe perfectamentem del poder de una frase colocada en su sitio. Como Mae West. En I'm no angel, Tira (Mae) le decía a Jack Clayton (Cary Grant) aquello de Cuando soy buena, soy muy buena, pero, cuando soy mala, soy mejor. Lección aprendida. Más allá de cualquier talento para la interpretación, queda la destreza de saber decir lo mismo, pero sin cerrar la boca.

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